a. Mayor convicción: Oramos para que el Espíritu Santo afirme en nosotros la convicción de que seguir a Cristo es la mejor decisión que podemos tomar. Que permanezcamos arraigados en la verdad de la Palabra, viviendo para Él por encima de nuestros propios intereses y creciendo cada día en fidelidad a la voluntad del Padre. Que perseveremos en el camino del discipulado, amando a Cristo sobre todas las cosas y permaneciendo firmes hasta el fin.
b. Quebrantamiento: Intercedemos para que el Espíritu Santo obre en nosotros un verdadero quebrantamiento delante de la presencia del Señor, llevándonos a reconocer que dependemos completamente de Él. Que todo orgullo, autosuficiencia y resistencia a Su voluntad sean quitados de nuestro corazón, y que en su lugar crezca una actitud humilde, sensible y dispuesta a obedecer. Clamamos para que cada día rindamos nuestra vida al señorío de Cristo, permitiendo que Su voluntad guíe nuestros pasos y que Su carácter se refleje cada vez más en nosotros.
c. Renuncia voluntaria: Clamamos, como cuerpo, para que el Espíritu Santo nos enseñe a negarnos a nosotros mismos y a dejar todo aquello que nos aleja de la voluntad de Dios. Que nuestra mayor motivación sea agradar al Señor, permaneciendo firmes y siendo discípulos aprobados que reflejan el carácter de Jesús. Rogamos por aprender a dejar de lado nuestros propios deseos para servir con amor y vivir de una manera que honre al Señor, haciendo de Su Reino la prioridad de nuestra vida.
d. Quebrantamiento en Israel: Oramos para que nuestros hermanos en Israel puedan renunciar a sus propios razonamientos, conceptos, fortalezas y tradiciones que les impiden reconocer a Jesús como el Mesías prometido. Rogamos que su entendimiento sea renovado por el Espíritu Santo, de manera que puedan acercarse al Señor con un corazón genuino y sincero, dejando atrás todo aquello que hoy les impide recibir la verdad del Evangelio.
a. Mayor disposición: Clamamos por una mayor disposición para seguir a Cristo sin reservas. Que, cuando llegue el momento de decidir entre nuestra voluntad y la del Señor, siempre escojamos obedecer. Que no retrocedamos por temor, comodidad o conveniencia, sino que permanezcamos fieles, recordando que vale la pena entregar nuestra vida por Aquel que lo dio todo por nosotros. Que, como cuerpo de Cristo, podamos apoyarnos y fortalecernos unos a otros, permaneciendo firmes en la fe y caminando juntos en el propósito que el Señor nos ha dado.
b. Rendición absoluta: Clamamos por un corazón rendido delante del Señor, donde Cristo tenga el primer lugar en cada área de nuestra vida. Que podamos abandonar todo aquello que nos impide depender plenamente de Él y aprender a confiar en Su dirección, aun cuando sus caminos sean diferentes a los nuestros. Que nuestras decisiones, deseos y prioridades sean alineados con la voluntad de Dios, siendo formados cada día a la imagen de Cristo.
c. Sacrificio: Intercedemos para que el Señor forme en sus hijos corazones dispuestos a abrazar el sacrificio que implica seguir a Cristo. Que, fortalecidos por el Espíritu Santo, renunciemos con gozo a las comodidades, intereses personales y posesiones cuando sea necesario por causa del Evangelio. Oramos para ser discípulos que presenten su vida en sacrificio vivo, entendiendo que ninguna entrega es comparable con la gloria y el privilegio de conocer y servir a Cristo.
d. Prioridad: Clamamos para que Cristo ocupe el primer lugar en cada área de nuestra vida y sea la prioridad absoluta de cada discípulo. Que ninguna ambición, afán, relación o logro terrenal desplace el señorío de Jesús en nuestro corazón. Pedimos la gracia para buscar primeramente Su reino, ordenar nuestra vida conforme a Su voluntad y vivir con la convicción de que seguir a Cristo vale más que cualquier tesoro de este mundo.
a. Carácter de Cristo: Oramos para que el Espíritu Santo nos conceda una revelación cada vez más profunda del carácter de Cristo hasta que Su manera de pensar, amar, servir y obedecer al Padre sea formada en nosotros. Que la iglesia manifieste la humildad, mansedumbre, santidad y compasión de Jesús, siendo una expresión viva de Su corazón en la tierra.
b. Perfeccionamiento: Rogamos al Señor que nos lleve a un continuo proceso de perfeccionamiento, permitiendo que cada etapa, prueba y enseñanza nos forme a la imagen de Su Hijo. Pedimos ser capaces de renunciar a todo lo que no refleja a Cristo y, así, responder con un corazón enseñable a la obra transformadora del Espíritu Santo, creciendo hasta alcanzar la plena madurez espiritual.
c. Discípulos Incondicionales: Clamamos para que el Señor levante una generación de discípulos incondicionales, que le sigan con una entrega absoluta, renunciando a los placeres pasajeros y a los tesoros terrenales. Que sean discípulos conforme a Su corazón, que no negocien la verdad del Evangelio, ni retrocedan ante la oposición, sino que permanezcan firmes hasta el fin. Rogamos por hombres y mujeres apasionados por Su presencia, fieles en la obediencia, y que hagan de Cristo el centro y la razón de sus vidas.
d. Discípulos fieles: Intercedemos para que cada discípulo refleje fielmente a Cristo en su hogar, en la iglesia y en la sociedad. Que, al reflejar la vida de Jesús en cada ámbito de nuestras vidas, el mundo pueda ver Su luz y muchos sean atraídos a Su reino y rindan sus vidas al Señor.