a. Compasión: Clamamos por el despertar de corazones compasivos, que vean con los ojos de Cristo y sientan la necesidad y la urgencia de llevar el mensaje de salvación. Que aun en tiempos difíciles puedan mantenerse firmes perseverando y esforzándose por amor a los perdidos. Oramos para ser hallados fieles como la iglesia de Filadelfia, la cual aun con poca fuerza, guardó Su palabra y no negó Su nombre. Que, así como en Laodicea, el Señor quite de nosotros toda tibieza, despertándonos a una entrega verdadera y apasionada por Él.
b. Fortaleza: Oramos por fortaleza espiritual para que, como familia, permanezcamos firmes sobre la Roca, seguros en Cristo y sostenidos por Su Palabra. Que podamos mantenernos fieles aun en medio de la angustia y no negar Su nombre. Rogamos permanecer firmes guardando Su palabra y confiando aun cuando las circunstancias sean difíciles. Que el Espíritu Santo vivifique cada ministerio incrementando el aceite para cultivar Su Presencia, sanar y ser corregidos por Su amor.
c. Llenura: Clamamos por un incremento de intimidad en Su presencia en cada ministerio, para aprender a escuchar Su voz y obedecerla. Que el Espíritu nos dé discernimiento para entender la voluntad de Dios. Oramos por un despertar de nuestros sentidos espirituales: que el Señor unja nuestros ojos con colirio, llene nuestra boca de Su Palabra y nos haga sensibles a la voz del Espíritu Santo; que aceptemos Su corrección con la certeza de que Él reprende y disciplina a los que ama. Suplicamos fervientemente permanecer llenos del Espíritu Santo para vencer el pecado perseverando hasta el fin.
d. Valentía: Rogamos al Santo y Verdadero, al Testigo Fiel, que incremente nuestra valentía para que podamos vencer la tibieza espiritual. Que no nos conformemos con poco, sino que busquemos constantemente la presencia de Dios y Su voluntad. Que crezca en nuestro interior el deseo de predicar el Evangelio sin temor a lo que pueda hacer el hombre. Anhelamos que se manifieste en nosotros el espíritu de poder, de amor y de dominio propio que Dios nos ha dado, para así permanecer firmes, ser vencedores y alcanzar las recompensas prometidas.
a. Perseverancia: Clamamos por ser una Iglesia que persevere en la sana doctrina, en el trabajo arduo y en las buenas obras. Intercedemos para que permanezcamos firmes en la verdad, guardando con fidelidad la Palabra del Señor y rechazando todo aquello que pretenda apartarnos de ella. Que no nos cansemos de hacer el bien, que no abandonemos el llamado de Dios y que permanezcamos constantes en el servicio, perseverando con fidelidad hasta el final. Clamamos para que cada generación crezca firme en Cristo; afirmados en la verdad, fortalecidos y comprometidos con Su obra.
b. Primer amor: Oramos por ser una Iglesia que cultiva y conserva el primer amor, que vuelve a las primeras obras y que hace de Cristo el centro de todo. Que nuestra labor ministerial fluya de una profunda relación de intimidad con el Señor y de un corazón que verdaderamente lo ama. Que nuestro servicio sea fruto de la comunión con Él. Clamamos por ser una Iglesia que discierne y rechaza toda falsa doctrina, permaneciendo firme en la verdad y guardando su corazón para el Señor. Que amemos a Dios sobre todas las cosas y permanezcamos fieles a Cristo.
c. Liderazgo conforme al corazón de Dios: Intercedemos para ser una iglesia que lidera conforme al corazón de Dios, con discernimiento espiritual y entendimiento para reconocer lo que proviene de Él y así caminar en Su voluntad. Clamamos para que cada líder presida a la iglesia con autoridad e integridad, cuide al rebaño de Cristo con amor ágape y permanezca firme en el evangelio puro y la sana doctrina.
d. Alimento puro: Intercedemos por pastores y maestros nutridos en las verdades de la fe y en la buena enseñanza de la Palabra de Dios. Que puedan alimentar al rebaño de Cristo con un alimento puro, no adulterado. Clamamos para que permanezcan arraigados en el evangelio completo, guardando la sana doctrina y transmitiendo fielmente la Palabra, sin añadir ni quitar aquello que el Señor ha establecido.
a. Riqueza en Cristo: Intercedemos para que como iglesia reconozcamos que nuestra verdadera riqueza está en Cristo y no en las circunstancias, los bienes o las comodidades de este mundo. Clamamos para que aun en medio de la escasez, la aflicción o la pérdida, podamos considerarnos ricos en Él y valorar como verdadera ganancia el permanecer fieles a Su nombre hasta el final.
b. Camino de fidelidad: Intercedemos para que, como iglesia, avancemos juntos por el camino que el Señor nos está trazando, permaneciendo obedientes a Su dirección, aun cuando atravesemos oposición o dificultades. Clamamos para que no nos apartemos de Su perfecta voluntad, sino que perseveremos unidos, confiando en que Él guía nuestros pasos y nos acompaña en todo momento.
c. Firmeza en la prueba: Intercedemos para que, frente a la oposición y el sufrimiento por causa de Cristo, permanezcamos firmes en la fe, sin desmayar ni retroceder. Clamamos para que seamos sostenidos por la fortaleza y las promesas que provienen de Dios, confiando en Su Palabra aun en medio de la tribulación y las pruebas.
d. Recompensa: Intercedemos para permanecer fieles a Cristo hasta la meta final, reconociendo que Él mismo es nuestra mayor recompensa. Clamamos para que, aun en medio de pruebas y sufrimientos, nuestra mirada esté enfocada en Jesús y en la esperanza de la vida eterna que Él ha prometido a quienes le aman, teniendo conciencia de cuidar de una salvación tan grande hasta el fin.