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DISCÍPULOS QUE LO GANAN TODO
Clamamos para ser discípulos valientes que no temen al terror nocturno ni a la saeta que vuele de día. Intercedemos para que Jehová sea nuestra esperanza y solo le temamos a Él, que ningún miedo de este mundo nos impida escuchar su voz ni nos detenga de llevar a cabo la misión que nos ha sido encomendada.
  1. a. Valentía: Oramos por la llenura del Espíritu Santo, para que el Señor forme en nosotros discípulos valientes, que no retroceden ante la oposición ni permiten que el temor los paralice. Clamamos por fortaleza sobrenatural para permanecer firmes y hablar con denuedo, aun cuando obedecer implique enfrentar dificultades o rechazo. Que nuestra confianza esté puesta en el Señor, sabiendo que Él está con nosotros, nos sostiene y nos capacita para avanzar con firmeza.

  2. b. Esperanza: Rogamos para que el Señor forme en nosotros discípulos atentos y dispuestos a escuchar la voz del Gran Pastor en medio del ruido y de la calma. Que nuestra esperanza permanezca puesta en Cristo, nuestro refugio y seguridad. Oramos para mantenernos firmes en sus promesas, con la mirada puesta en la esperanza eterna. Que esta certeza sostenga nuestros corazones mientras esperamos con confianza el cumplimiento de sus promesas.

  3. c. Temor reverente: Intercedemos para ser discípulos que no temen a lo que el enemigo pueda hacer, sino que honran al Señor por encima de todo. Rogamos que el temor de Dios guarde nuestros corazones y nos lleve a caminar en obediencia y fidelidad delante de Él.

  4. d. Misión: Intercedemos para ser discípulos que permanecen conscientes del tiempo que vivimos y de la misión que Cristo nos ha encomendado. Que escudriñemos la Palabra, cultivemos una intimidad profunda con el Señor y permanezcamos atentos a su dirección, para caminar con claridad y fidelidad en el propósito recibido. Que nada nos distraiga ni nos haga perder de vista el llamado de anunciar a Cristo y cumplir la misión hasta el final.


Intercedemos para ser discípulos que, llenos de valentía, ponen su mano en el arado y son fieles en cumplir la misión que nos ha sido encomendada. Oramos para que podamos compartir el mensaje de Cristo aún en las situaciones difíciles, y que muchas personas puedan llegar a la Salvación. Que podamos entender que vale la pena desgastarse por Él, porque Él lo vale todo.
  1. a. Fidelidad: Oramos para ser discípulos que permanecen fieles y son entendidos en la urgencia de llevar el mensaje de salvación a cada ámbito de nuestra vida. Que las adversidades no sean una excusa para callar, sino una oportunidad para permanecer firmes y compartir a Cristo. Que haya en nosotros una dependencia y llenura diaria del Espíritu Santo, para ser impulsados a cumplir su propósito y no actuar según nuestra propia voluntad. Que seamos “la voz del que clama en el desierto” permaneciendo fieles hasta el final.

  2. b. Mensajeros audaces: Clamamos para ser mensajeros audaces que no callan y están preparados para pelear la buena batalla. Que seamos soldados intrépidos, revestidos con la armadura del Señor, firmes ante toda oposición. Oramos por una dependencia plena del Espíritu Santo, para que nuestra vida sea un testimonio visible del amor y la compasión de Cristo. Que estemos dispuestos a dejar nuestra comodidad por amor a Dios y que nuestras fuerzas provengan de una intimidad profunda y constante con Jesús.

  3. c. Ganancia: Clamamos para que Dios nos revele, por medio de Su Espíritu, que nuestra verdadera ganancia se encuentra en Cristo Jesús y que nuestro mayor tesoro no se halla en las cosas de este mundo, sino en Él y en su Reino. Oramos para que, así como Pablo, podamos comprender el valor de Cristo, considerando todo lo demás como pérdida delante de la grandeza de conocerle y poniendo las manos en el arado sin mirar atrás.

  4. d. Salvación en Israel: Intercedemos por una multiplicación de mensajeros en Israel y cielos abiertos para la predicación del evangelio completo, así como lo hicieron los apóstoles con toda claridad y valentía. Rogamos para que el Espíritu Santo se mueva con poder, prepare los corazones y les revele el misterio de Cristo. Que puedan creer que Jesús, el Hijo de Dios, se encarnó, nació de una mujer y vivió como hombre, conforme a las profecías anunciadas en el Antiguo Testamento, para acercar el Reino y llevar a cabo la obra redentora de Dios para toda la humanidad. Oramos para que en Israel haya salvación en este tiempo de gracia y reconozcan a Yeshúa como el Mesías prometido que vivió, murió, ascendió y pronto volverá.


Clamamos para ser discípulos que, unidos a la vid verdadera, perseveren hasta el fin y prosiguen hacia la meta sin apartar la mirada de Cristo. Oramos para que por medio de Su sangre y la palabra de nuestro testimonio, seamos sostenidos en nuestro caminar, venciendo toda oposición y siendo hallados fieles hasta la muerte.
  1. a. Permanecer en Cristo: Clamamos para permanecer unidos a Cristo, la vid verdadera, reconociendo que separados de Él nada podemos hacer. Que Su Palabra permanezca en nosotros, y que aun en medio de pruebas y dificultades, no nos apartemos de Su presencia, sino que incrementemos nuestros tiempos de intimidad y oración, para poder perseverar firmes hasta el fin.

  2. b. Gracia para proseguir: Oramos para recibir gracia y fortaleza para proseguir hacia la meta sin apartar nuestra mirada de Cristo. Que podamos perseverar aún cuando el camino sea difícil, sin retroceder ni perder la esperanza, confiando en que Dios nos sostendrá hasta completar la carrera que nos fue encomendada.

  3. c. Victoria: Intercedemos para que, por medio de la sangre del Cordero y de la palabra de nuestro testimonio, podamos vencer toda oposición y permanecer firmes en la fe. Pedimos que el temor, el desánimo y toda adversidad no nos paralicen, sino que avancemos con valentía para cumplir los planes de Dios, perseverando hasta el fin y siendo hallados fieles, sabiendo que en Él está nuestra victoria.

  4. d. Discípulos que dan fruto: Clamamos para que, permaneciendo en Cristo, nuestra vida produzca fruto perdurable para la gloria de Dios. Que nuestro testimonio manifieste la vida de Cristo y el fruto del Espíritu Santo, y que por medio de nuestras palabras y acciones, muchas personas puedan conocerlo, acercarse a Él y ser transformadas por Su gracia.